Los bebés también se estresan
Articulo en el que colaboró Mtra. Jannet Cendejas con reportera
Fernanda Ramón Garza
Aunque parezca increíble, incluso los recién nacidos pueden sufrir estrés.
Los bebés sanos exploran el mundo, juegan con objetos, ríen y, en ocasiones, lloran, pero cuando el estrés aparece puede manifestarse a través de ansiedad, trastornos del comportamiento o hasta depresión.
Además del llanto, los primeros síntomas son las alteraciones en las funciones básicas, como los patrones de sueño y alimentación.
«Un bebé estresado no duerme bien, lo ves ojeroso, cansado o con angustia; no se separa de los papás, es irritable, empieza a tener problemas para ir al baño, se estriñe o no come», enumera la psicóloga Jannet Cendejas, directora de grupo SAME, especialistas en salud mental desde el embarazo.
Los berrinches constantes y sin causa específica también pueden ser un signo de alerta.
Para diferenciar cuando es un berrinche propio de la edad y uno originado por estrés, la especialista aconseja prestar atención al contexto.
«Depende de lo que esté sucediendo, no es lo mismo que el niño, de repente, se enoje porque le quitaron un juguete, a que todos estén tranquilos y empiece a enojarse porque no quiere salir, porque le da mucho miedo un monstruo afuera».
Mecanismo de defensa
El estrés es un mecanismo de defensa natural del cuerpo que lo prepara para afrontar dificultades o peligros externos.
Los pequeños no están exentos a esta reacción, y como cualquier ser humano cuando lo experimentan constantemente o en gran medida, pueden presentar daños en la salud física y emocional, en el desarrollo cognitivo, de memoria y aprendizaje.
Consecuencias del estrés
El estrés patológico agudo y crónico puede dar lugar a múltiples problemas de salud.
El menor puede presentar disminución del sistema inmunológico, alteraciones del aparato digestivo, del apetito o trastorno del sueño, disminución de la confianza y seguridad en sí mismo, apatía, aislamiento social y alteraciones de la memoria y el aprendizaje.
«El estrés, el trastorno de ansiedad y la depresión, pueden relacionarse con el vínculo de los padres, baja autoestima o mala relación con los otros», apunta la psicóloga Jannet Cendejas.
Puede inclusive desarrollar patologías secundarias, por ejemplo, que siempre le duela la cabeza.
Riesgos del estado depresivo
La depresión afecta el desarrollo psicológico, cognitivo y social de los bebés.
Según la especialista, en casos extremos puede haber retraso en el desarrollo, como el inicio de la marcha más tarde de lo normal, mutismo selectivo o, incluso, somatización, es decir, enfermarse con frecuencia sin que exista alguna causa física, aunque el dolor sea real.
Además, pueden mostrar actitudes agresivas: tendencia a morder o golpear a otros niños, dificultar la convivencia con otros y deteriorar la relación con los padres.
Factores estresores
Diversos factores hacen posible que el bebé se estrese: enfermedades comunes como cólicos, otitis o flatulencia, la falta de cariño o cuidados básicos, como no cambiarle los pañales sucios, insuficiencia de comida o ambiente familiar problemático.
«Tiene que ver con cuestiones médicas; tiene que ver con quién lo está cuidando. Si el cuidador padece ansiedad o depresión o no cuenta con suficientes competencias parentales, que esté ausente o no atienda sus necesidades básicas, son factores de riesgo para el niño», explica la psicóloga Jannet Cendejas.
Bebés deprimidos
Aunque parezca sorprendente, existen síntomas depresivos identificables en bebés de 1 año.
«Hay niños que lloran mucho, andan malhumorados, con baja energía, no quieren jugar o incluso se la pasan dormidos. Normalmente, los papás dicen: parece que está enfermo, pero no sabemos de qué», detalla la psicóloga Jannet Cendejas.
En la mayoría de los casos, los padres de estos chicos sufren depresión, y como el vínculo que establecen con ellos es esencial para su desarrollo, tienden a padecer de lo mismo.
También sucede que por falta de tiempo o de cuidado, los padres no logran un entendimiento con su hijo, no lo conocen o no cubren sus necesidades ni lo estimulan para desarrollarse.
«Y no nada más es cubrir sus necesidades, es hablarle, cantarle. Si una mama está deprimida o si muy apenas le va a hacer caso, menos lo va a estimular».
Para prevenir
Observar y conocer al bebé.
Satisfacer sus necesidades básicas de manera oportuna y adecuada.
Estimular su desarrollo con afecto, atención y juego.
Trabajar en un vínculo afectivo sano.
Atender los propios malestares emocionales para no afectarlo.
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Fecha de publicación: 11-febrero-2017
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